Mejor que ellos

Les pido un segundo de clemencia.
Ellos me ignoran.
Caigo a través
de miles de millones de ventanas,
de un piso a otro,
cada uno más oscuro
que el anterior.

Me pierdo,
en menos de un segundo,
luego vuelvo
antes de un instante.

De un universo a otro,
de una vida a otra,
más rápido,
más y más rápido,
y crezco, me sustraigo,
lucho como si me fuera
la vida en ello y,
en realidad, así es.
Los vientos me hacen girar,
gritando.
Ahora soy la fuerza,
soy el calor,
soy la voluntad.

Siempre decido bien.
No soy perfecto,
ni quiero serlo.
Soy el exceso.

No soy perfecto.
Sólo soy mejor,
mejor que ellos.

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