Sé que tengo un altar

Sé que tengo un refuio
más allá del mar
donde mi corazón es blindado,
donde mi alma es luz cegadora y poder terrible.

Aquí no. Claro que no.
Saberlo me hace mejor,
pero no me devuelve el poder.
Aquí no. claro. Mi vida
no es mi vida
en el fondo del infierno.

Los demonios me rodean.
Disfrazados de piel,
demonios siguen siendo.

Sé que tengo un altar
al otro lado del sol,
donde yo soy dios.
Donde la gente me regala flores
y me venera.

Aquí no, claro que no.
Soy más un prisionero de guerra
que otra cosa,
más un recuerdo de algo
que una espada,
un alma y su pasión.

Todo me lo quitan
al entrar al calabozo.

De qué les sirve?
Si más allá
de las montañas
hay una mujer que me ama
en lo que soy.

Podrán ellos decir lo mismo?

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