Halcón me han llamado

Los demonios me arañan
en la oscuridad.
Me susurran,
me ofrecen, me amenazan.

Y yo soy un profeta maldito,
halcón me han llamado, oscuro como la oscuridad,
lleno de mundos,
mundos que son sólo mios.
 
Y la muerte se sienta
en mi sombra.
Me sonríe,
me habla de tí,
y extiende su mano,
me seduce, me toca.

En mi oscuridad los ángeles
se pierden
y caen hasta mi reino.
Cada noche los combato,
mano contra mano,
derramo la miel
que corre por sus venas.

Cubiertos de sangre,
gloriosos, hasta el amanecer
medimos nuestras fuerzas,
y al salir el sol
huyen, huyen hasta ese reino
que alcanzaré tarde o temprano.
Me dejan un nuevo nombre,
me honran.

El destino y el sueño
me hablan como hermanos.
En sueños soy
el destino que busco.

Contra las hordas de la estupidez
contra la podredumbre
me bato sin misericordia
y muchas veces muero.

A veces en tu nombre,
muero.
A veces porque lo deseo.
Muero, muero pero vuelvo,
más fuerte,
a veces invencible.

Soy el poeta maldito,
el que cruza el desierto
con tu sonrisa marcada en el alma.

En un combate sin fin
la vida no es más que un estado.
Un regalo corrompido,
oscurecido
hasta ser deformado,
moldeado,
enredado en tu pelo,
bañado en sangre, corroído
por lágrimas y sudor.

Mi vida ha dejado de ser un regalo.
Por cada segundo
por cada bocanada de aire,
debo luchar
combatir a los demonios
y a los ángeles,
cobijar la esperanza
desterrar a la muerte
para llamarla, a veces,
y abrazarla llorando,
rogando, desesperado.

Mi muerte es más una promesa
que una amenaza.

En tí creo,
y en tí me pierdo.

Los laberintos del dolor
son mi hogar.
Ya no soy un extraño
en los páramos
del infierno.

Yo soy el poeta, el guerrero,
yo soy el que se acompaña
de lobos y serpientes,
es que susurra, el que sisea.
Yo soy el que te busca
el que no teme al regalo
de la abuela muerte,
el que se arrastra indetectable
por las caricias
de los súcubos.

Yo soy,
y casi he sido siempre.
Tantas veces he descendido
hasta la casa de señores oscuros
que no pudieron tomar mi alma.
Y es tuya ahora,
por que no se corrompa, en tí,
nunca, como todo
lo que en la oscuridad me sigue.

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