El ruido de las estrellas

Tengo que yacer
tras la puerta,
con los ojos apretados
y tapándome los oídos
para no escuchar
el ruido de las estrellas
cayendo sobre el mar.
Tengo que llorar en silencio
para no atraer
la mirada de Dios.

Del Dios al que combato,
aunque es una guerra perdida.

Pero oscuro corazón.
Tú ya no puedes
seguir sangrando
y sangrando.

Nos vamos a morir,
y no me importa.
Sólo pido dejar de sentir
esta amargura en los labios.

Tiemblo.
Tiemblo.
El frío me parte los huesos.
Trato de aferrarme a la vida.
Tengo muchas batallas que pelear.
No puedo perderlas antes de luchar.
Trato de amarrarme a tu voz.
No puedo escucharte,
oscuro corazón,
pero en tu silencio
hay algo de calor.

No podemos seguir sufriendo
ni debemos seguir sangrando.

Tengo que encender
alguna luz,
abrir alguna puerta.
Pero no puedo.
No puedo.
Tengo que secarme las lágrimas,
tengo que buscar
hasta encontrar,
vivir hasta vencer,
aunque mis manos
ya han perdido toda fuerza
para combatir.

Pero oscuro corazón,
en tus manos
estuvo mi redención,
y ahora sólo encuentro martirio.

Ya no te oigo latir,
ya no te siento.
Tengo que levantarme,
volar de nuevo.

Ya es tarde para mí,
pero no venderé
mi sangre en vano. No.

Tengo que luchar hasta el final.
Al menos, para que el final
no sea éste.

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