Profetika

Caminé por el bosque
de mis sueños.
Aterrado,
entre el vapor
de los muertos,
entre los fuegos fatuos
caminé por el bosque
de mis sueños,
siguiendo tu voz.

Desnuda entre la hierba
cantabas,
blanca luna,
cantabas,
entre nubes de vapor
y fuegos fatuos.

No respiré, parado al borde
de ese claro de luna.
No respiré entre tu piel,
helada en la noche,
pero mi alma se escurrió
entre tus pechos,
se derramó
por el tesoro de tus piernas,
y recorrió tu espalda
con el último aliento
de su existencia profana.

Te devoraban los lobos que eran
mi carne y mi hambre,
y en tu carne ví mi carne
y probé mi sangre y tu sangre.
Y el sabor de la muerte,
la certeza de la podredumbre,
la vanidad de la piel
el cosmético efímero aliento de vida.

Me di vuelta y corrí,
después de verte,
aún escuchando
tu canto,
corrí como un condenado,
porque en ello
me iba la vida.

Atravesé gritando
el abrazo de los muertos,
y gritaba tu nombre,
tu último nombre.

Me acompaño tu risa
más allá de la noche.
Y desperté llorando,
con el corazón sangrando,
sangrando en la madrugada.
Y bastó la primera lágrima
para hacer caer
las murallas
y dar la bienvenida
a la locura.