saciar la sed con lágrimas

Ando triste por la calle.

No me compadezco,
sigo siendo un hijo de puta,
pero hoy soy un triste hijo de puta.
Triste de estar sólo todo el tiempo.

Tengo pena, y a veces se me olvida,
cuando un vaso en mi mano
o una carcajada en el aire
llevan mi mente a otro lado.

Pero sigue ahí, la pena.
Sigue llameante y desnuda,
clavándome estaca tras estaca,
haciendo de mi corazón
un alfiletero.

Tengo pena. Harta pena,
y a veces, no me da miedo la muerte.
Nada queda por perder y, quien sabe,
por ganar no ha de quedar mucho.

Así, con frialdad puedo seguir
paso tras paso
sin ir a ninguna parte,
sintiendo que no se puede morir
sin una buena razón
pero es igual de vacío
seguir viviendo porque sí.

Ando sediento de amor,
y no puedo beberme la pena.

Ojalá pudiera, sin embargo,
saciar la sed con lágrimas.
Ojalá pudiera olvidar
que he tenido mejores días,
días en que no me sentí solo
y días en que de verdad no lo estaba.