quizá ni tu nombre recuerde

Como recuerdo del futuro
puedo escuchar el viento silbando
en la calle vacía.
La niebla a medio disipar de la mañana,
el frío, una canción triste en la radio
y la soledad, la infinita soledad.

Quizá la tranquilidad, por fin
la paz de bajar los brazos
sin sentirme culpable por ello,
y un silencio sólo coronado
por el eco de mis latidos.

Tendré de ti
un recuerdo algo amargo,
algo borroso y ya mil veces digerido,
pero aún lleno de tu esencia.

Tendré los ojos casi ciegos,
la voz ausente
y el alma triste.

Tendré las entrañas secas
dentro de un cuerpo sin espíritu.
Te habré perdido hace años, ya,
hace siglos.
Te habré perdido hace tanto
que no recordaré cuanto.

Me prepararé para morir,
para morir de una vez.
No estaré triste,
sino, quizá, algo melancólico.
Te echaré de menos, claro,
y quizá ni tu nombre recuerde.

Me vendrá a la mente embotada
el sonido de tu voz
y tu olor inundará la sala
por última vez.

Por última vez recordaré
cómo es sentirse amado,
aunque habré olvidado cómo amar.

Trataré de mirar por la ventana
hacia una ciudad que no es la mia.
En alguna parte del mundo
tal que nadie de los que me amaron
recuerde dónde estoy.

Estaré más allá
de cualquier esperanza,
y será un alivio
no sentirme obligado a luchar.

Estaré más allá
de lo que tu regreso
podría ayudarme.
No recordaré, si siquiera,
cuál fue mi palabra natal,
mi nacimiento, mi hogar, nada,
nada podré recordar
infinitamente viejo.

Te echaré de menos. Mucho.
Aun sin saber a quién.

Ya no será importante,
después de todo.
Muy lejos para volver,
ya nada será importante
y eso me hará libre.

Un millón de años, un mes,
cómo saberlo a esa altura.

Entornaré los ojos
para mirar atrás,
y nada podré ver.
No habrá recuerdos
en la niebla de la mañana
después de una noche sin dormir.

No habrá recuerdos,
sino algunas sensaciones
sin nombre ni cara.
Algún sabor
tu olor y el tacto de tu piel,
sin recuerdos, sin recuerdos,
pues todo el recuerdo perdido
lo he robado para mí
al mirar hacia el futuro.