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Porqué no le pusieron
marcha atrás al tiempo.
Qué les costaba, después de todo.

Porqué no le hicieron
manillas a la memoria,
para que no se me vaya tu recuerdo.

Y corrector a las ofensas,
y elásticos a los pecados.
Porqué no le pusieron
pilas al perdón,
o una yunta de bueyes
arrastrando el esfuerzo.

Una manivela
para apurar la depresión,
para acelerar la pena
a diez mil revoluciones.

No le pusieron estuco al dolor,
ni empapelaron
las cuatro paredes de la soledad.

No alfombraron
el abismo de tu ausencia,
ni le pusieron
peldaños para salir.

Qué les costaba
ponerle interruptor al alma,
o al menos un cartelito
diciendo “Fuera de Servicio”.

Al menos un servicio de reparaciones
atención veinticuatro horas
y a domicilio.

Quisimos buscar el tapón
del lago de lágrimas,
y el freno de mano
del mundo exterior.

quisimos buscar el parlante
de los aullidos agónicos
y el protector de pantalla
de la oscuridad interna.

Pero no había hecho nada,
nada por ayudarnos.
Dijeron “funciona bien”
y se fueron enseguida.

Qué les hubiera costado, aunque fuera,
decir dónde estaba
el enchufe de la vida.