un niño muerto

El débil lamento de los monos
me despierta en mitad de la noche.

Acaso alguien nos escucha.
Si nadie nos necesita
me quedaré
con los ruidos de la selva
en completa soledad.

estrás de las murallas
grito hasta destemplarme.
Si alguien escucha, beba con nosotros.

No me encuentro con nadie.
A nadie reconozco y nadie me saluda.
Camino entre los pilares
escondiéndome de las personas.

Casi no hay silencio en esta fiesta,
todos conversan.
sueño febril,
esta vida es un mal cumpleaños.
No entiendo las noticias.
A todos parece importarle
la estupidez.

Vuelvo a sumergirme
a mil metros de profundidad.
Aguanto la respiración sin hacer ruido,
burbujas y burbujas,
no quiero salir.
Me falta el aire y no importa.
Déjame tranquilo y, si me ahogo,
me ahogo.

Porqué mejor no salgo
atravesando el dolor de no tenerte
y abrazar tu espíritu fantasma
y recuperar tu cadáver,
para escuchar una voz de niño,
terror de terrores, un niño muerto
sublevándose en el moratorio.

Siempre podemos llamar
al señor del huracán,
cada vez él y menos yo,
para amarte, nunca para alcanzar
a quien no puede amarnos.