A mis amigos

A la luz de la luna
hablamos de todo
y de nada.

Reímos callados
y luego a carcajadas.

Avanzó la noche,
se vaciaron los vasos.
Luego se llenaron
y se volvieron a vaciar.

“Hubiera sido extraño
incluso en un sueño”,
alrededor de la mesa
todos éramos
quienes siempre habíamos sido.
Nos quisimos
como siempre
nos habíamos querido.

Entre la risa y la infinita tristeza
todos nos dimos
todos nos perdimos.
Nos hicimos compañía
y, por un momento,
ya no estuvimos solos.

A la luz de la luna
y en un paraje ancestral
nos sentamos
en la hora postrera.

Salieron a la luz
cada historia
y cada secreto.

Infinitamente juntos
nada había que ocultar.

No sería repetido.
No sería repetible
amar a todos
y a uno mismo,
aún por una sola noche.

Despuntaba el día, ya,
despertaba el tiempo.
En las noches que siguieron
nos extrañamos
hasta que el dolor
nos derrumbó.

siguió adelante el camino,
y todos seguimos
rumbos distintos.

Con los años soñamos,
de cuando en cuando,
con la noche aquella.
Despertamos entonces
la nostalgia lacerante
oprimiendo la garganta.

Luego volvimos a dormir
y por la mañana
lo habíamos olvidado.