La Historia de Orfeo

Con el afán de luchar contra la inoransia que himpera en nuestro foro, emos desidido curturisarnos con clases de mitolojia griega.

A continuación el primer capítulo de nuestra campaña:
Capítulo Primero

 

Bueno, resulta que Orfeo se iba a casar con Eurídice, una morenita bien buena, simpática, buena pa bailar y encima tenía amigas ricas. Orfeo, que había viajado con Jasón y los Argonautas, tenía la media barra de amigos y todos lo presionaban pa que presentara a las amigas de Eurídice, pero Orfeo era aficionado a la música y sólo se dedicaba a componer y a ir a los castings de Operación Triunfo y esas cosas.

Bueno, se celebró la fiesta de matrimonio y los amigos estaban tan calientes por las amigas de Eurídice que uno, un sátiro -era que no- no se aguantó y con la excusa de conversar una palabrita alejó a Eurídice del grupo y trató de correrle mano. Eurídice arrancó con tanta mala cueva que pisó una culebra, la cual la mordió provocándole lesiones graves con resultado de muerte, según dice el parte policial de la época.

Orfeo estaba bien conectado (Según Neil Gaiman, era hijo de Morpheus con Calliope, la musa de la poesía épica, era sobrino de la Muerte, el Destino, la Destrucción, el Deseo, el Desespero, el Delirio y probablemente primo hermano de todo el tarot y el horóscopo juntos). Partió adonde su tía la Muerte y le pidió que lo mandara al Hades para recuperar a Eurídice. La Muerte le dijo: “mira, no te puedo mandar allá, pero te puedo hacer inmortal, cosa que puedas descender al Hades sin que te dejen retenido por esos lados. De ahí te vas a pata al Hades”. Dicho y hecho, Orfeo partió a pie al mundo de los muertos, al cual se llegaba por la discoteque Blondie, bajando al piso número -666.

Orfeo se encaminó a la Blondie, pero pasó por la oficina de Omarcito Garate que en ese tiempo era el Oráculo de Delfos y vendía la lira de los siete poderes. A Orfeo le vendió una ramita de cerezo florido y por supuesto una lira para curar el reumatismo y hacer dormir a las guaguas con cólico.

Llegando a la Blondie Orfeo bajó muchos subterráneos. Al principio tuvo mucho miedo porque había pisos con fiesta de vampiros, fiesta Brit Pop, fiesta de Espuma, especial de The Cure y así sucesivamente. Para alivio suyo las fiestas se acababan más abajo y siguió bajando hasta que llegó a una laguna, en donde había, a bordo de una barquita, un viejito chupado entero y completamente senil, que hablaba sobre los viejos estandartes, los pecos bill, la calesita, el Bar Cinzano y otras antigüedades. Dicen que los griegos les ponían a sus muertos una moneda de cobre en la boca, para que el espíritu le pagara al viejo el paso de la laguna… eso se debe a que en ese tiempo el pasaje era muy barato, pero después subió y entremedio el viejo se botó a huelga y le embargaron el bote pero esa es otra historia. Orfeo le pagó al viejo con la rama de cerezo florido… y es imposible saber si acaso ese era el pago predeterminado o si sólo se dió que en su senilidad el viejo haya confundido la ramita con un cogollo. La cosa es que lo llevó a través del lago y Orfeo siguió su camino.

Poco más adelante Orfeo se encontró con el bicho que cuidaba el hades… nada menos que el Cancerbero, un perro de tres cabezas con patas de león, lomo de toro, paso de cebra y ceda el paso. A diferencia de Hércules, Orfeo no lo enfrentó sino que tocó su lira y canturreó. No se sabe si la lira era realmente mágica o la canción era muy fome, pero el perro se quedó raja dormido y Orfeo siguió su camino.

Continuación

-dejamos a Orfeo caminando en el descenso hacia el Hades más perdido que Moreira en el funeral de la tía Gladys.

Finalmente llegó al Hades, una gran caverna en donde estaban los muertos como almas pálidas, sin hablar, sin hacer nada en realidad… era como una gran oficina del registro civil pero acá nadie tomaba cafecito. En el centro de la caverna se hallaban dos tronos inmensos en donde estaban sentados Hades y su pierna suave, Perséfone. Orfeo saludó y explicó que venía a buscar a su novia Eurídice. Por suerte era justo mediodía y con el cañonazo de las 12 no se escuchó la media tapa que Hades le hizo… y Orfeo cantó.

Y cantó y cantó y la canción no era mala pero era más triste que la cresta, y todos lloraban… lloraba Hades, lloraba Perséfone, lloraban Tántalo, Sísifo y todos los que estaban siendo castigados. Lloraban las furias y los muertos. Puro llanto, y mientras Orfeo se secaba los mocos y trataba de seguir cantando, al lado de él estaba Claudio Sánchez con un micrófono, y le decía: “Qué siente en este momento… tiene pena?”.

Tanto cantó y tanto lloraron que Hades le dijo: “ya hueon, ganaste… llévate a tu mina pero lo vamos a hacer de la siguiente manera:

“Devuélvete ahora por ese otro camino que no es el mismo por donde viniste. De hecho este camino es más estrecho y empinado pero no hay lagunas ni perros, y vas a salir directamente al Portal Lyon, a una tienda donde hacen los tontos tatuajes… mira!” Y diciendo esto le mostró un tatuaje de un dragón muy cabrón. Luego siguió: “Eurídice va a ir detrás tuyo, pero va a ir como fantasma hasta que salgas al Portal Lyon, así que no podrás oirla ni podrán comunicarse. Pero atención: lo único que te pido fuera de que pares con la cancioncita, es que durante todo el trayecto no mires para atrás, porque si miras atrás habrás perdido a Eurídice para siempre.

Orfeo pensó que no sonaba tan peludo, y empezó a andar. Le pareció que Hades se reía a sus espaldas, pero siguió andando…

Orfeo subió y subió, a oscuras, dándose de cabezazos en las estalagtitas y tropezándose contra las estalagmitas (o era al revés?) en una de esas se cayó de bruces violentamente y su mano se apoyó contra un objeto frío. Curioso, Orfeo lo tomó en sus manos y descubrió que era un anillo… esperen, esa es otra historia… Orfeo se cayó de bruces y su cabeza se enterró violentamente contra una plasta medio seca que reposaba en el lugar. Echó un par de garabatos, se limpió y siguió subiendo.

Todo el camino pensaba… “Eurídice va atrás mío… no puedo oírla porque es un fantasma, ni puedo mirarla porque Hades me lo ordenó… luego podría no estar atrás mío y yo estaría dejándome hacer huevón olímpicamente…” Pero por si las dudas, y porque era un romántico, seguía subiendo y subiendo.

No dejaba de pensar que Hades se había quedado riendo cuando él se íba… porqué reía Hades? Se habría acordado del chiste de la mujer manguera? Habrá tenido cosquillas? o derechamente se reía de lo ingenuo que Orfeo había sido? Imposible saber, pero Orfeo seguía subiendo. Por fin, el olor a cuero, tinta y marihuana que flotaba en el aire le anunció a Orfeo que la salida estaba cerca, y un leve resplandor al fin del camino se lo confirmó. Estando a pasos de la salida de la caverna, lo asaltó de nuevo la paranoia… ¿me habrá estado haciendo tonto el famoso Hades? Y, no aguantando más, Orfeo se volteó.

Lo que vió en ese momento fue, básicamente, a Eurídice flotando como a 10 cm del suelo, pálida y silenciosa, pero con expresión absolutamente consternada. Y el fantasma le hizo gestos desesperados, pero se desvaneció antes de que Orfeo pudiera acercarse a ella. Orfeo se dió cuenta de que había perdido su única oportunidad de recuperar a Eurídice… y se fue cabizbajo por las calles de Providencia.

Lo que pasó después no está claro. Pasaron meses en que nadie sabía qué había pasado con Orfeo. Algunos decían que le habían visto en el Lucas Bar, otro que había estado pinchando discos en una fiesta Rave. Otros aseguraban que había entrado a un motel con la Geisha. Lo cierto es que Orfeo se entregó a la noche y al carrete, y en eso estaba, en el volón de la pasta base, cuando se le apareció su madre, Calliope, y le dijo: “Orfeo, corres grave peligro”. Al lado apareció Don Graf y dijo lo mismo. Aunque se sobresaltó al ver a un perro con impermeable, Orfeo suspiró y le dijo a su madre: “Mamá, déjame, ya nada me importa”.

Calliope insistió: “Orfeo, corres grave peligro. Las hijas del frenesí, las bacantes, adoradoras de Baco, vienen hacia acá. Supieron que hay bar abierto en el Entre Negros y arrasan todo a su paso”. Orfeo no pescó y Calliope se rindió y se fue junto con Don Graf.

Al poco rato llegó una turba de mujeres semidesnudas y borrachas, que cantaban “La Gallina Pecadora” y otras cumbias. Más atrás venían el Negro Piñera, Miguelo, Solabarrieta, Juan Carreño, Dante Poli, Marcelo Vega, Carlos Cazsely, el Che Copete, Daniel Vilches, Martín Vargas y Chicho del Lago, ex ?protagonista de la fama?.

Todos rodearon a Orfeo con gritos de: “La niña maría ha salido en el baile…” “ceacheíii” “salúd!” pero Orfeo no quiso participar porque tenía pena y estaba en la volada de la pasta. Las bacantes se picaron y se tiraron sobre él, ultrajándolo, metiéndole objetos contundentes en sus partes pudendas y finalmente destrozándolo a mordiscos. Lo único que quedó fue su cabeza, la cual fue arrojada al mapocho con tan mala suerte que fue a caer justo en un hoyo de la costanera. Como su tía la muerte había renunciado a llevárselo nunca, la cabeza seguía viva, sin poder morir, y ahí agonizó todo el fin de semana, hasta que se apareció su padre, Morpheus, el señor del Sueño.

“Hijo mío, tienes la suerte que te has buscado”. Orfeo le suplicó que lo matara pero el sueño le contestó:

“Estás loco? Sabes lo que le hacen las Euménides a los que matan a los de su propia sangre? Acaso no has leído sobre mitología griega?

“Leería si tuviera cuerpo, viejo tonto, pero sólo soy una cabeza! Ni siquiera puedo limpiarme el culo! Ni siquiera tengo culo!”

“Bueno, hijo, he arreglado que los obreros te cuiden y te den choca hasta que terminen la costanera Norte… entonces veremos qué se hace…” Y así lo dejó.

Fin.

Leave a Reply