El Rapto de Ganímedes

El Rapto de Ganímedes

Érase una vez un rey que gobernaba en Troya. Su nombre era Tros, pero también le decía Troy, y de cariño algunos le decían Troy McClure.

Resulta que Troy tenía tres hijos. Dos eran feos y el tercero sacó todos los genes que sus simiescos hermanos no tuvieron. Como esta es la historia de Ganímedes, el lector ya habrá deducido que se trataba del hijo agraciado. Pero Ganímedes no sólo era agraciado y no sólo destacaba por lo feos y brutos que eran de sus hermanos, sino porque era, realmente, el más hermoso de todos los mortales.

Como ya habrán comprobado en relatos anteriores, el gerente general del Olimpo, un tal Zeus, era un viejo insaciable en sus bajas pasiones. Era como Paul Scheaffer, Winston Michelson y el cura Tato en una sola persona, combinado con las bizarrías sexuales de Michael Jackson y el exhibicionismo de la Cicciolina. Pues bien, era que no, Zeus se fijó en este hermoso muchacho, y se dirigió hacia él convertido en águila.

Ganímedes se encontraba en Ida jugando con sus compañeros y sus tutores. Todos juntitos piluchitos en una gran pileta rosada con forma de corazón en donde hacían pompas de jabón, se lavaban el popín con baby lee y otras travesuras. Ustedes se preguntarán ¿porqué tenía tutores y no iba al colegio? Bueno, por lo mismo le cantaban “Nelson Ganimedes, anda al colegio, no seas flojo o te saco de Rojo” y eso es porque los huecos le hacen el quite a las clases.

A Ganimedes justo se le cayó el jabón -cosa que, curiosamente siempre le ocurría cuando jugaba con su profesor El Negro Giovanni- y de pronto vió estrellas -cosa que también le ocurría cuando se le caía el jabón dándole la espalda al Negro Giovanni- y gritó de sorpresa y alegría, pero entró a preocuparse cuando vió que se encontraba a varios metros sobre el suelo, y que lo que tenía detrás no era el Negro Giovanni sino una tremenda águila con cara de degenerada.

Ganímedes llegó, relativamente sano y salvo, aunque un tanto más dilatado que lo normal, al monte Olimpo, en donde Zeus lo mandó a perfumar y vestir para que quedara picho caluga. El rumor corrió por el palacio de los dioses, y Hera se acercó a preguntar qué cresta estaba pasando:

– Oh, honorable esposo mío, no soy digna de pisar vuestra sombra…- comenzó, agregando – oscuros rumores llegan a mis oídos, de que habéis traído a un jovenzuelo empalado como anticucho.

– Mira, vieja, no me hueí, esa fue un águila, no yo -y aprovechó de sacudirse unas plumas de la cola.

– Ya viejo degenerao, dime la verdad, trajiste o no trajiste na un perkins pa soplarle la nuca!

– Y qué te importa, Hera, por último esta es mi casa, y un Mercader nunca tiene que dar explicaciones!.

 

Zeus recapacitó, y viendo que, después de todo Hera era una buena mujer, empezó a arrepentirse de su actitud, y tenía razón porque Hera era la mejor mujer de esa era… o eso dicen que era Hera. De tanto erear se mareó y trató de arreglar el entuerto diciéndole:

– Vieja, no te enojes, lo que pasa es que necesito un nuevo copero… tu hija Hebe es muy torpe y siempre está chorreando (como la Geisha) así que voy a despedirla.

Bonita manera de arreglar el asunto, Hera quedó aún más furiosa viendo que su hija había quedado cesante, y dirigió su furia contra Troya, cuna del nuevo efebo de su marido. Esa misma furia más adelante se concretaría con su alineación con el bando griego para la Ilíada.

Mientras tanto, Ganímedes se convirtió en el copero de los dioses, y así transcurría su vida, fuego de noche, nieve de día. En el comedor era un elegante mayordomo a quien todos admiraban por su buena voz, sus copuchas al estilo Yerko, su buen porte y sus habilidades como bailarín. En las habitaciones que Zeus le había destinado era un ardiente esclavo sexual que alternativamente mordía almohada y soplaba nuca al Rey de los Dioses.

Pero volvamos a Troya, en donde el rey Troy empezó a ponerse triste porque desde que Ganímedes había sido raptado (según se le comunicó, había recibido una beca para estudiar en el Olimpo) el turismo en Troya había decaído mucho. Obviamente, nadie quería visitar a los hermanos simiescos de Ganimedes.

Y tenía pena, el rey, porqué negarlo… le faltaba su hijo regalón, sus cariños, sus besitos, y todas esas cositas cochinas que hacían juntos. Y Troy lloró y lloró y Zeus se sintió culpable así que mandó a Hermes a hacer el trabajo sucio y consolarlo. Hermes lo saludó diciéndole:

“Hey! usted es Troy McClure! Lo recuerdo en películas como ‘Furia de Titanes'”.

Luego le entregó unos regalos para compensar su pérdida. Eran un racimo de uvas de oro hechas por Hefaestos, y una pareja de caballos celestiales que corrían como Funny Cide y Patio de Naranjos, podían caminar sobre el agua y eran inmortales. Los caballos se convirtieron en una gran atracción turística, aunque el hecho de que fueran inmortales dificultó muchísimo que se los comieran cuando vino la hambruna, pero eso es otra historia. Las uvas de oro eran bastante kitsch y el rey las puso en un rincón que nadie veía… dicen que eventualmente las re-regaló para el matrimonio de una prima lejana que nunca le cayó bien.

Mientras tanto Ganímedes seguía gastándose parejo en el Olimpo, hasta que Hera se cansó del escándalo y encaró a Zeus diciéndole que cortara su hueveo. O se iba el mariconcito, o se iba ella. Zeus se asustó y le dijo: “bien, mi amor, para esta noche el muchacho ya no estará por estos lados”. Ella se tranquilizó y fue de compras al mall Plaza Olimpo en donde le compró un casco a Atenea que, mira por donde, nunca más se sacó. Al volver el cabro no estaba por ningún lado y se dió por satisfecha, hasta que al llegar la noche se fue de espaldas:

Zeus había convertido a Ganímedes en constelación, nada menos que Acuario, figura que representa al joven sirviendo agua a los dioses por toda la eternidad. Como gesto de humor negro, puso al lado la constelación del Águila, en recuerdo de aquella jornada en que lo sacó de su baño de espuma para iniciar su romance.

 

Epílogo

Zeus siguió siendo un viejo caliente y degenerado.
Hera perdonó a Zeus pero cuando vino la guerra de Troya ayudó a los griegos.
Atenea nunca más se sacó el casco que le regalaron
Ganimedes sigue chantado en el cielo en forma de constelación
Troy se dedicó a actuar en películas como “Furia de Titanes”, “Jasón y los Argonautas” y un breve cameo en “Amor por la retaguardia” en donde encarnó al padre de Ganimedes.
La constelación de Ganimedes inspiró al caballero Camus de Acuario (Kammi en japo) quien se especializa en pelear al estilo Sub Zero.

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