La Clarita y el Oscurito

La Clarita y el Oscurito aparecieron al mismo tiempo o, al menos, nos dimos cuenta de su existencia al mismo tiempo.

Acá, en Huechuraba, cuando nos mudamos y había un cuarto de la gente que hay ahora, ellos ya estaban. Dos perros callejeros en la esquina de Pedro Fontova con Guanaco Norte, siempre juntos, siempre echados esperando.

Mi mujer y yo amamos a los perros. Bueno, también a los gatos y a otros mamíferos, pero para lo que importa, amamos a los perros y hemos recogido a siete que hoy son nuestras mascotas. Siempre elegimos a los que están en peor estado: sarna, desnutrición, heridas visibles, etc. El ejemplo más reciente es el Waldo que pasó de una pulga sarnosa a un perro gordo, feliz y hasta territorial que es ahora.

Bueno. Vuelvo al tema. La Clarita y el Oscurito no siempre se llamaron así. Les pusimos así porque ella era blanca y él una imitación de Pastor Alemán.

Nuestra relación con ellos fué como la del principito con el zorro. De vez en cuando pasábamos y les ofrecíamos comida. Ellos arrancaban. No eran como el típico quiltro bolsero que te ve comiendo y te sigue sino que se mantenían a distancia prudente, con expresión seria (los perros pueden ponerse muy serios) y cuando nos íbamos, inspeccionaban lo que les dejábamos.

El tiempo pasó, y seguimos alimentando a la Clarita y el Oscurito, y vinieron las cosas que vienen con el tiempo. Se acercaban más a nosotros, nos reconocían, se dejaban acariciar, etc. En general, él más que ella y en esto debo detenerme, la clarita es una perra completamente tiesa, ella no puede girar el cuello y cuando lo intenta, grita. Evidentemente alguna vez la atropellaron y quedó tan descuadrada que sufre mucho por como quedó.

Siguió pasando el tiempo. La Clarita que era raquítica se puso más saludable y entró en celo, la preñó un perro grandote (el oscurito perdió pese a ser su mejor amigo) y parió unas pelusas de color café rojizo preciosas. En ese momento supimos que dos vecinas también les daban comida y pa más remate adoptaron temporalmente a los hijos de la Clarita y los regalaron todos.

Al par de meses, entre las vecinas y nosotros, decidimos esterilizar a la Clarita, pero no fue tarea fácil, porque aunque a estas alturas el Oscurito se nos acerca y nos hace fiesta, ella es huidiza. Tuve que tomarla yo, con todo lo hediondita que es, y meterla al auto para llevarla a un veterinario, y luego bajarla y llevarla en brazos a la clínica. De más está decir que me meó entero, porque aparte del dolor (recordemos que tiene antiguas fracturas mal soldadas) no está acostumbrada al trato con humanos. En fin, la operaron, la esterilizaron y aprovecharon de sacarle rayos a su espinazo, el cual estaba más chueco que el electrocardiograma de Kike Morandé.

Todo ese proceso de esterilizarla y el post operatorio duró como tres días y en esos días el Oscurito dejó su zona normal y se metió -por primera vez- al condominio, porque supongo que sentía el olor de ella en nosotros. Yo salía en la mañana a trabajar y estaba el Oscurito afuera como preguntando: “qué le hiciste a la Clarita!!”

Debieran haber visto al Oscurito cuando por fin trajimos a la clarita de vuelta. Ladraba, se paraba en dos patas, nos lamía y obvio que la acosaba a ella, que de paso no quería nada más que descansar.

En fin.

Anoche, después de un taco fenomenal (me demoré dos horas y veinte desde la pega) me llama mi señora de vuelta de su turno de tarde diciendo que la Clarita está mal, que se queja mucho.

Partí para allá y allá estaba mi señora, las dos vecinas (que, dicho sea de paso, son bien bonitas) y entre las tres luchaban por capturar a la Clarita, que no se dejaba.

Estacioné, me bajé, vino el Oscurito corriendo como para decir: “Amigo, algo malo pasa” y fuí donde la Clarita. Milagro, se dejó tomar, la subí al auto, fuimos al veterinario que nos dijo que estos casos se tratan sintomáticamente: si un perro está cagado, como la Clarita, el tratamiento es darle calmantes.

Durante toda la consulta, me tocó calmar a la Clarita, pese a que se mete a un canal más hediondo que la chucha, me tocó abrazarla, cobijarla, sobretodo porque le tomaron la temperatura, le pusieron un calmante intramuscular y hasta le pusimos un frontline. Ella estaba nerviosa, pero yo le tapé los ojos y la abracé todo lo que pude.

Volvimos a la esquina, el oscurito estaba histérico, pero cuando la Clarita, que ya había recibido un analgésico, se bajó, lo hubiesen visto, era un perro dando gracias como un humano.

La Clarita se bajó del auto y se arrancó lo más lejos que pudo sin cruzar Pedro Fontova (tonta no es) cuando me subí al auto la vi mirándonos desde atrás de unos matorrales.

Yo se que con la vida que llevan, la Clarita y el Oscurito van a morir eventualmente. No puedo darles casa porque ya tengo siete perros, pero las vecinas los adoptaron por un día y me contaron que el oscurito cargaba contra la reja onda: “DEJAME SALIR!” en fin, hay animales que nacen para ser libres.

Va a llegar un día en que la Carola Plaza decida mandar a la perrera y eliminar a mis pequeños amigos. O a lo mejor va a llegar un día en que los atropellen, o va a llegar un día en que algo malo les pase y yo no pueda hacer nada para protegerlos.

Hasta ese dia, esta es la historia de Amenadiel, la Clarita y el Oscurito.

 

Update, fotos de la clarita y el oscurito. No les digo cual es cual porque es obvio.

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Update: 28 de abril 2010

Dos años después, vuelvo para contarles el epílogo de la historia.

En algún momento de febrero el Oscurito desapareció. Suponemos que se fue en alguna leva y en el camino lo atropellaron, o tal vez simplemente se alejó mucho y no supo volver, pero la cosa es que el oscuro nunca más apareció.

La clarita, tan desvalida ella y sin su protector y acompañante, quedó desprotegida, pero la seguimos alimentando los vecinos de siempre. La señora Ángela, las gemelas (Alejandra y Claudia) y nosotros con mi señora.

Aparte de que se la veía triste por la ausencia de su compañero por tantos años, la Clarita se las arregló para perdurar. Incluso engordó y sacó personalidad para defender su comida de otros perros, pero todos temíamos lo que pasarían al llegar el frio. Como les conté, ella sufre de sus huesos y sin el Oscurito para darle calor imaginamos que un día simplemente moriría.

La historia cambió de rumbo luego de que un día la encontramos con uno de esos collares isabelinos que le ponen a los perros recién operados. Sobre él decía: “perra recién operada, no sacar”. La pobre estaba echada con mucho dolor y muy decaída.

Ni protestó cuando la llevamos al veterinario, en donde descubrimos que tenía puntos en el vientre. Días después supimos la causa: alguien de un barrio cercano la llevó a esterilizar a la municipalidad sin saber que nosotros con las gemelas ya la habíamos esterilizado (pero en clínica eso sí) hace 3 o 4 años. Lo hizo con buenas intenciones pero críticos resultados.

Según nos dijo el veterinario, probablemente el que la quiso esterilizar en la municipalidad se extrañó tanto al no encontrar lo que sea que le hayan quitado (¿Las trompas de perropio?) que buscando le debe haber revuelto todos los intestinos. El resultado: ella estaba con mucho dolor, fiebre, una infección y aparentemente peritonitis.

Quedó hospitalizada y con antibióticos. La visitamos de vez en cuando y la vimos calientita y muy tranquila, con pañales y suero. De a poco fue tirando para arriba y el sábado la dieron de alta después de dos semanas hospitalizada. En cuanto a la cuenta, el veterinario de la esquina, Daniel, es un tipo muy buena onda y nos cobró como la cuarta parte de lo que nos debería haber salido… pero igual con la plata que nos gastamos en la Clarita nos alcanzaba para un Bulldog Francés.

Entre medio, las gemelas le consiguieron casa para que no tuviera que volver a la calle, la mamá del pololo de una de ellas aceptó recibirla, aunque ya tenía una perra en la casa que al parecer era mal genio, pero le destinó un sector segregado por una reja.

Nos despedimos de ella en el patio de las gemelas, en donde se preparaban para llevarla a su nueva casa. Hoy supimos que la Clarita había hecho su primera maldad en su nuevo hogar, botó la reja para ir donde la perra de la casa, la cual se tiró al suelo en señal de sumisión. Así termina la historia de la Clarita, con casa nueva y de hembra Alfa.

Al menos ahora morirá de vieja en algunos años, y no atropellada o de frio como le iba a suceder.

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