A mi mujer

Año a año, la Clínica Santa María envía dos enfermeras a un hospital en Pamplona, de la Universidad de Navarra, a hacer un intercambio-pasantía, una experiencia reservada a las mejores enfermeras de la Clínica y a la cual mi mujer se hizo acreedora después de varios años de servicio abnegado pero también calidad descollante. Me alegro por ella porque es una recompensa y un reconocimiento, pero hoy la fui a dejar al aeropuerto y me despedí por las próximas tres semanas sintiendo desde ese momento un estrangulamiento en mi corazón, el cual intento exorcizar escribiendo esto.

Siento el demonio esquivo de la angustia escondiéndose detrás de los objetos que me son familiares, siento que cada pequeño detalle lleva una marca de su presencia y me niego a entregarme a la debilidad, porque me repito que esta es una oportunidad magnífica, una experiencia memorable y entretenida. Me lo repito ahora como se lo repetí a ella que angustiada por la separación que nos esperaba, repetía en mis brazos que tenía miedo, que no quería ir.

Cómo hubiese querido confesarle que me pasaba lo mismo. Mi mujer, mi amiga, mi amante, mi compañera, la única persona en cuyos brazos mi alma se siente como en su hogar. La única persona en quien realmente confío. La madre de mi hijo, la protagonista de todos mis sueños, todas mis esperanzas y el objeto de todo mi esfuerzo.

Una persona que comparte conmigo la conmiseración por los animales que, olvidados de todas las máquinas del gobierno, sufren sin habla en las calles de la ciudad. Amor mio, cómo decirte que en ese aspecto eres la única persona que yo creo los animales respetan más que a mí.

La persona que creyó en mí cuando no era más que un universitario borracho y sin rumbo.

La persona que pudo ver en mí el bien cuando yo mismo consideraba que mi vida consistía sólo en ganarle algunos segundos a un destino fatal inevitable. Y la persona que me enseñó a ver ese bien, que me mostró un yo que vivía dentro de mí, y que cultivado a instancias de ella era capaz de trabajar, aprender, estudiar.

No puedo decir que ella me convirtió en una persona buena, pero fue ella la que me mostró que ya había una persona buena debajo de una máscara de fatalidad, y que podía elegir vestir esa bandera en vez de autodestruirme por rencor.

No lo hizo activamente. Mi mujer no se cree terapeuta ni es de esas personas que se proponen manipular a los demás para hacer el bien donde no se lo han pedido. Todo el cambio que ella obró en mí lo hizo indirectamente sólo estando a mi lado, siendo -como es- una hija maravillosa y una polola maravillosa y una esposa maravillosa y una nuera maravillosa. Teniendo a mi lado alguien tan valioso no pude menos que preguntarme ¿Qué puedo hacer para merecer alguien asi a mi lado? Y decidí volverme mejor, y cada día decido al menos dar la pelea por ser alguien mejor.

Fue en medio de esa pelea constante que terminé la carrera con distinción, que me he destacado en mi trabajo, que fundé y mantengo CHW, que compré mi casa propia a los 26. No estoy mencionando esto porque me ufane de ello -sabiendo que hay gente que con menos hace más- sino porque verlo escrito todavía me provoca incredulidad, a mí que pensé que antes de los 30 estaría muerto por alguna pelea callejera en Bellavista.

Sigo siendo enojón y derechista y políticamente incorrecto, pero en mi corazón llevo siempre una felicidad infinita, de saber que al final del día puedo llegar a mi casa y abrazarla como si en ello me fuera la vida, y saberme el hombre más afortunado del mundo. Y pase lo que pase durante el día, en realidad no me importa tanto porque cuando llegue la hora de dormir sé que podré apagar la luz, apegarme contra su espalda y acariciar el vientre en donde crece nuestro hijo.

Cómo decirte Amor mio, que sólo deseo tenerte de vuelta, que ruego porque vuelvas sana y salva, que espero que en este minuto estés teniendo un vuelo no demasiado agitado, porque sé que te dan terror las turbulencias y, a diferencia de otros viajes, esta vez no estoy a tu lado para tranquilizarte diciéndote que es normal, que los aviones se mueven, que mejor sigues durmiendo. Pero abraza a nuestro niño, porque se que aunque no tienes mucha guatita, igual se mueve todo el tiempo. Cántale, dile que su papá piensa todo el tiempo en él.

No puedo tranquilizarte, no puedo salvar la distancia y ponerme a tu lado. No soy de los que piensan que es cosa de sentirse a tu lado para estarlo porque mi mujer no es sólo sentimiento sino carne, calor, perfume, voz. Más bien me deleito en tu ausencia y me doy cuenta de que nunca te había echado de menos, de que en los últimos 11 años no habíamos pasado tanto tiempo separados ni menos por una distancia como esta, que incluso en las pueriles peleas que tuvimos cuando novios estabas a unos minutos de mí.

No te lo conté en la mañana, tal vez por miedo a que te molestaras, pero anoche soñé con una ex novia a quien quise mucho. Y en el sueño la veía como debe estar ahora, convertida en una ejecutiva, vestida con ropa de boutique y cerrando importantes negocios por teléfono. Y cuando me acerqué a saludarla ella hablaba por teléfono y le di un beso en la mejilla, pero ella mantuvo el contacto y fue girando la cara, y cuando nuestros labios estaban a punto de tocarse… la detuve. En mis sueños he volado y he matado y he muerto. En mis sueños he estado preso y he sido dios. Cuando desperté esta mañana supe que por primera vez incluso en mis sueños rechazaría cualquier destino que no fuese el mio, porque mi vida y mi destino es exactamente el que quiero tener, contigo, para el resto de la vida que nos quede.

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