Estar enamorado es

El miedo por la sangre tiende a crear miedo por la carne.

Eso leí. Ahora pienso
que la distancia de la carne tiende a matar el cuerpo,
si se muere el cuerpo el alma se va marchitando.

El alma marchita puede y sabe vivir para siempre en un cuerpo muerto,
como un jacinto creciendo en agua podrida.

Para que el muerto sobreviva es mejor que no sepa que lo está.
No siempre se puede vivir una mentira eternamente (eternamiente).

Algún día se termina,
               te tropiezas con la verdad 
                      te precipitas a un abismo que no parece terminar.

Tiene peldaños, pero no tiene fondo.
No terminas  de caer
das bote y sigue el viaje.

El alma sigue viva bebiendo agua podrida,
y llega el dia en que encuentras a una persona
con que tu alma reacciona como sal en la herida.

El alma reconoce a su igual.
El alma quiere despertarse
y sólo entonces comprueba
que está anclada en la podredumbre.

No sabía que pasaba esto hasta que me pasó.
Mi alma reaccionó con tu alma y ahora ya no tiene descanso.
Cada segundo, cada sueño se refiere a lo mismo.
Mi alma cayó en el pozo sin fondo de tu identidad.

Cada segundo pensando en ti me perturba.

Es como si hubiera un universo más grande
que el que mi imaginación puede contener.
Me atrae gravitacionalmente, me obliga a sumergirme
en un océano que no comprendo,
y mientras más me sumerjo
más puedo asombrarme de lo infinito que resulta.

Desde que mi alma se rozó con la tuya vivo dominado por el vértigo.

Cuando nos sentamos en la misma mesa quería mirarte a los ojos,
perderme en tus ojos.
Cuando te miraba a los ojos parecía que la ciudad ya no existía.
O existía, pero ya no podía verla.
No lograba mirarte a los ojos mucho tiempo, me quemaba el alma.
Huía. Posaba mi vista en tus manos, pero no estabas ahí.

No podía evitar volver a tus ojos,
y no entendía qué me pasaba,
y no entendía lo que decía ni lo que diría.

Cómo poder mirarte sin perder el equilibrio,
si me hiciste explotar la mente con una sola palabra.

Viviste mil vidas en tanto yo perdía cada momento de la mia.
Entendiste el mundo y creaste el mundo.

Quise prolongar tu presencia sin entender
que incluso habías destruído mi sentido del tiempo.
Me embargaba la felicidad plena de haberte conocido.

Todos mis tesoros se convirtieron en polvo.
Todas mis ilusiones se volvieron vanidad.

Estuve ciego y en cambio hoy me arranqué los ojos.
Sólo en sueños puedo esperar hablarte, abrazarte y hacerte mi mujer. 
Sólo en sueños puedo dar rienda suelta
a la necesidad cavernaria de ser tu dueño,
porque en el mundo consciente
es demasiado aplastante la certeza de que nunca serás de nadie. 

En mi ceguera sólo me guía el olfato,
el perfume imaginario de tu vulva
que cubro de besos sólo en mi mente, 
en el universo paralelo que debí crear para no tener que matarme.

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