Por qué la mala hierba no muere

Dicen que la mala hierba nunca muere. No estoy seguro de que no muera, pero definitivamente tiene mejores mecanismos de sobrevivencia y adaptación. Circula por el camino que garantiza perpetuar su seguridad: no la seguridad de su familia, no la continuidad de su obra (porque no tienen), no lo que es justo, no la protección del débil. Sólo su propia seguridad y existencia al precio que sea.

Es un camino en esencia fácil de transitar, tal como es más fácil cortar el árbol que otro ha plantado y apropiarse del mérito, que cuidarlo por años y verlo crecer hasta que lo sientes parte de ti.

Es más fácil echarle la culpa a alguien que te caiga mal – y no tenga la misma habilidad de mentir y manipular- que afrontar tus faltas y defender a tus equipos en nombre de lo que crees justo. Con el tiempo, la práctica sostenida de esa habilidad nefasta asegura la supervivencia de la mala hierba mientras los demás caen. Todos quienes tuvieron grandes logros, la mala hierba los tilda de haraganes y traidores. De esa manera los hace cargar con sus culpas y a cambio les roba sus méritos: el intercambio ideal para perpetuar la mala hierba.

La Mala Hierba se mantiene firme y sobrevive a los años, porque sabe que su verdadero secreto es que no cambia. Los demás sí. Los demás odian y luego perdonan. Los demás sufren pero olvidan. Los demás se alejan, o deben soportar ser expulsados de las grandes obras que han forjado y construido a pulso, victima de las mismas intrigas de la Mala Hierba, y víctima también de que la gente es lo suficientemente estupida y autocomplaciente como para creerle al a mala hierba en vez de cuestionar y contrastar sus calumnias con la evidencia.

La gente normal cambia. La gente normal perdona. La gente normal vuelve. Vuelve y dice: empecemos de cero, tengo mucho que ofrecer.

Tú no caigas mala hierba, sé siempre mala hierba y triunfarás. Convence al jefe de que todo es una trampa y por mientras, tiende trampas verdaderas por tí mismo, total tu sabes como.

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