El mejor de los Mundos Posibles

Desde que me despertaste, una puerta secreta se abrió en mi mente. Un escape permanente. Una habitación segregada del universo donde guardo todos los mundos posibles. En especial, todos los mundos posibles en donde tú y yo estuvimos juntos.

Es domingo. 4 de la tarde. En uno de los mundos posibles tú y yo miramos la ciudad desde tu ventana. Recostados en tu cama. Pego el oído a tu vientre para escuchar las mareas de sangre que te hacen tan real. Tan real en un mundo segregado del mundo. Pero en mi mente la ilusión es tan real que me voy quedando en ella, y sé cómo huele tu balcón. Y sé de que color son tus sábanas.

Sábanas. En uno de los mundos posibles amanece en un día soleado. Los rayos de luz nos despiertan. Mi piel roza tu piel entre las sábanas, mi mano busca tu muslo para memorizarlo. Puedo escuchar tu risa, puedo escuchar el eco de tu risa resonando a través de un abismo que separa mi sueño de la realidad.

Una carta. Te escribí una carta. En uno de los mundos posibles te sigo hasta un lugar en donde no me esperabas, para entregarte lo que te escribí. Te veo arquear las cejas y parpadear con sorpresa. En uno de los mundos posibles en donde realmente puedo decir algo que cambie las cosas, algo que te acerque a mí. Algo de mí que merezca tu atención.

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